jueves, 18 de octubre de 2012

Terremoto de Lisboa y la tradición del Mariquelo

Cerca de las diez de la mañana del 1 de noviembre de 1755, la mayoría de las campanas de las iglesias de Salamanca comenzaron a tañer sin que persona alguna las obligara a ello. Minutos antes, un terrible movimiento sísmico con epicentro en el Cabo de San Vicente que duró más de seis minutos y varios tsunamis con olas de más de 20 metros, habían sacudido la costa portuguesa, siendo la capital lisboeta con cerca de 100.000 fallecidos y más de la mitad de la ciudad destruida la principal damnificada.
Pero no sólo fue en Portugal donde se concentraron los daños. Muchas ciudades y pueblos de la península, Marruecos y algunas ciudades de Francia, sufrieron la fuerza de la naturaleza. Por tal motivo el rey Felipe VI que durante su estancia en el Escorial había sentido los temblores de tierra, y que tanto miedo le había causado, ordenó al Gobernador del Supremo Consejo de Castilla elaborar un informe en el que se recopilaran todos los sucesos y daños ocasionados por el terremoto en todas las capitales del reino y en los pueblos de cierta importancia.
Terremoto de Lisboa
Durante más de 6 minutos, Salamanca se vio sacudida por fuertes temblores de tierra, provocando que la gente que se encontraba a esa hora en los templos oyendo Misa Mayor, se viera presa del pánico. Muchas de las personas que paseaban por las inmediaciones de la Catedral Nueva y ante el temor a lo que estaban sintiendo, se refugian en su interior para protegerse de los terribles temblores que acababan de sacudir la ciudad. Cuando los atónitos ciudadanos salen al exterior aprecian los daños que ha dejado tan terrible experiencia. En el suelo yacen destrozadas varias imágenes de la fachada de la Seo derribadas de sus bases por los temblores sufridos. La Torre de las Campanas que ya presentaba fallos estructurales como consecuencia de un añadido barroco de enorme peso que no figuraba en los planos originales, muestra en su fábrica varias grietas que llegan hasta la parte de la torre donde se encuentran las campanas y deja el remate superior con una notable inclinación, lo que provoca que se tema por su derrumbe, algo que valoró hacer en un primer momento el Cabildo de la Catedral, pero en un posterior estudio aportado por el ingeniero francés Baltasar Devreton hace que esta se mantenga en pie, siendo apuntalada, cimentada y forrada con piedra para reforzarla, dándole esa forma de talud que la caracteriza.


Pero los daños no sólo se encuentran en la torre, el Cimborrio muy deteriorado por las terribles cargas que tuvo que soportar por los temblores sísmicos, tendrá que ser derribado siendo sustituido en 1766, por otro menos vistoso que el original, ejecutado este último por el  Maestro Arquitecto del Cabildo de esta ciudad, D. Juan de Sagarvinaga.
En el interior y en el crucero se abrieron diversas grietas que fueron creciendo en los días posteriores, lo que hace que ante el temor a que este último se viniera abajo por su mal estado, tengan que apuntar toda la caja del crucero desde el pavimento hasta el remate para evitar su derrumbe, siendo gastados en su arreglado cerca de 100.000 ducados.


Frente a la Catedral, en el Colegio Mayor de San Bartolomé o Colegio Viejo se aprecian en los minutos posteriores que de la fachada principal se han desprendido varias piedras, siendo en un segundo estudio más detallado donde se descubran daños más importantes.
En el Colegio de la Compañía (Clerecía), la base de la aguja que recibe la veleta de la linterna, fue arrancada toda entera de su asiento seis dedos hacia el lado de Mediodía, perdiendo además dos bolas que se desprendieron de lo alto de la media naranja.
Por toda la ciudad diversas iglesias muestran pequeños desperfectos en sus veletas y desconchones y grietas en sus paredes. Algunas casas construidas con materiales de mala calidad se habían derrumbado al no poder soportar tan terribles temblores.

Las aguas del Tormes que durante un buen rato se volvieron turbulentas y tornaron su color al marrón terroso, se retiraron de las orillas como cuatro o cinco varas, arrojando toda su ímpetu contra las pesquera y aceñas sin que estas sufrieran ningún desperfecto, volviendo después a su cauce normal, lo mismo contarán diverso testigos de algunos arroyos y riachuelos de la provincia.

El terremoto no causó victimas entre la población salmantina, lo que motiva que para dar gracias por todo ello el Cabildo organizase en los días sucesivos varios “Te Deum” y en las iglesias salmantinas se celebrasen por el mismo motivo varias misas.



Tradición del Mariquelo.

El Cabildo, en conmemoración de tan significativa efeméride y para que quedara constancia de lo agradecidos que estaban al altísimo que tanto había velado por todos los salmantinos, establece que todos los 31 de octubre se suba a la torre y se hagan repicar las campanas pidiendo además que tan terrible suceso no vuelva a repetirse nunca más. Aunque no sólo era este el único motivo por el que se tendría que ascender la torre, también era necesario comprobar que la inclinación del pináculo no seguía acentuándose.

Mariquelos en la Catedral
La responsabilidad de llevar a cabo tan digno encargo recayó en la familia que vivía dentro de la Catedral, que por aquel entonces era la que se encargaban de realizar diversos arreglos y reformas y de hacer sonar las campanas: los Mariquelos. Lo que comenzó como un encargo que se perpetuaría en el tiempo, se convirtió con el paso de los años en una de las tradiciones más celebradas por la población, junto con la del Lunes de Aguas.
En las vísperas del día de todos los Santos, a las doce de la mañana, el Mariquelo iniciaba lo mismo que lo hace hoy su ascensión ante el asombro del público que para no perderse detalle se congregaba en las inmediaciones de la Torre de la Catedral. Ascendía y lo sigue haciendo, por la media naranja hasta llegar, todo ello por el exterior dejando atrás la linterna, al copulín de la Torre, encaramándose una vez conseguida su hazaña a los hierros más altos que coronan la veleta y que hacen las veces de pararrayos.
Se comentaba antaño, entre los asistente, que por cada subida al pináculo, el Cabildo le daba una onza de oro al Mariquelo, pero la viuda del último de ellos siempre negó que estos recibieran recompensa alguna por parte de las autoridades.
La última ascensión de un componente de la familia de los Mariquelos se hizo en 1976, cuando Fabián Mesonero Plaza, puso fin a una tradición que se venía realizando desde el siglo XVIII. La costumbre se dio por perdida, hasta que en el año 1985 es retomada nuevamente, cuando el actual Mariquelo ataviado con el traje típico Charro, gaita y tamboril remonta las alturas hasta el copulín homenajeando a su manera a cuantos Mariquelos le precedieron en tan memorable ascensión. 

 

5 comentarios :

  1. Yo creo k este hombre no es kien para buscar un sustituto porque el no es un mie
    mbro de la familia, es un impostor

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  2. El señor angel de rufino, no es quien para buscar un sustituto para mariquelo porque ni siquiera es lo es porque no es de la familia

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  3. Difícil lo va a tener para encontrar a alguien que suba hasta lo más alto de la Torre de las Campanas, pero a mi parecer, ciertas tradiciones las haga quien las haga no estaría mal que se mantuvieran, porque con el paso del tiempo acabaremos perdiendo muchas de ellas.

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  4. Entonces, las fotos que pones son de daños ocasionados por el terremoto? qué hay de la foto de los mariquelos, es impresionante, tiene fecha?

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  5. La fecha de la imagen de los Mariquelos en la veleta de la Catedral no se cuando fue tomada. Los daños agravados por el paso de los años son producto de aquella fecha.

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