domingo, 9 de febrero de 2014

El Cantón salmantino.

Conseguido el destronamiento de la Reina Isabel II en 1868, se intenta iniciar un nuevo periodo político en España, en forma de Monarquía parlamentaria con la proclamación como Rey, en enero de 1871, de Amadeo de Saboya (Amadeo I). El asesinato de su mayor valedor del General Prim, Presidente del Gobierno y lider del Partido Progresista sumado a unas luchas internas dentro de este mismo partido que debía sustentar su más que endeble posición, unido todo a la más que notoria oposición de los partidos contrarios a su nombramiento como Monarca español, el periodo de Amadeo I finaliza con su abdicación en 1873, dando paso a la I República Española.
Con unas ideas muy progresistas, se intenta establecer este segundo periodo democrático con muy buena intención pero sin demasiado éxito y con demasiadas zancadillas. Las desavenencias entre los Republicanos Federales y los radicales, miembros de la coalición gobernante en la que se sustentaba este nuevo horizonte político, los problemas internos dentro del propio seno del partido republicano y del país, con cuatro presidentes de Gobierno, una asfixiante crisis económica, un paro cada vez mayor, un descontento social generalizado, varias huelgas generales y numerosas revueltas, y dos guerras una Carlista y otra en Cuba, pusieran la paciencia del pueblo y de sus representantes al límite del hastío. A todo esto se puso fin con el golpe de estado del General Pavía , el 3 de enero de 1874, once meses después de haber iniciado su andadura. 

Un mes antes de los hechos que centran esta historia, las Cortes proclamaron (que no sancionaron) la República Democrática Federal, que no era otra cosa que la Nación española estaría compuesta por 17 estados independientes o soberanos, (Cuba y Puerto Rico incluidas), eso quería decir, que contarían para tal fin con independencia económica política y administrativa, llegando incluso si así se establecía aprobar sus propias constituciones. Esto dio pie a que algunas ciudades y pueblos importantes, más de 40, decidieran de "motu propio" y cansados de las decisiones tomadas en Madrid, declarar su independencia,  entre otras Avila, Cartagena, Malaga, Sevilla, Huelva, Murcia, Castellón, Valencia..... Bejar y Salamanca. Y lo que sucedió en nuestra capital fue....

A las cuatro de la mañana de 22 de julio de 1873, repetidos toques de corneta rompen el silencio reinante en las oscuras calles de Salamanca. Los vecinos asombrados y adormecidos comienzan a asomarse a sus ventanas y balcones para intentar descifrar el porqué de tan molesto despertar. No tardan mucho en pasar del asombro a la extrañeza, ¡¡Salamanca se ha declarado Cantón independiente!!. 
Decenas de voluntarios de la república, minutos después de ser requerida su presencia, comienzan a reunirse para marchar hacia la sede del Gobierno Civil, donde se informa al Gobernador, D. Lucas Guerra de la decisión tomada apenas unas horas antes en una reunión secreta, de nombrar a la provincia, Cantón federal independiente. 
En esta reunión con el representante legal de la República estaban los miembros del proclamado "comité de salvación pública":  el diputado Pedro Martín Benitas,  el nombrado jefe militar Joaquín Hernández Agreda, Casimiro García Moyano, Santiago Riesco Ramos e Ignacio Periañez, todos ellos miembros del Partido Republicano, que tras informarle de las decisiones tomadas, le anuncian su destitución por la fuerza, pasando inmediatamente a constituir el Gobierno provisional del Cantón.

Una vez realizada esta primera acción, los grupos de voluntarios se dividen en secciones y cada una con su responsable a la cabeza, inician un rápido despliegue, ocupando los puntos estratégicos de la capital, Casa Consistorial y cárcel provincial entre otros. Unos pocos ocupan el punto más elevado de la capital, la torre de la catedral, otros se encargan de vigilar las entradas y salidas de la ciudad tomando el control de las puertas de la Muralla y los altos de esta misma y los más osados parten raudos hacia donde están acuarteladas las fuerzas del orden, 170 Guardias Civiles, que no pudieron hacer nada por impedir este sublevamiento. Posteriormente serán obligados a abandonar por la fuerza los límites de la ciudad, dirigiéndose estos hacia la capital zamorana.

Con las primeras luces del día grupos de milicianos y algunos voluntarios que se les suman inician la construcción de zanjas y barricadas con grandes maderos, carros y tierra en las entradas de las puertas y en las calles cercanas a ellas, para impedir el acceso y dificultar los movimientos de las tropas leales a la república en caso de que se decidan a contraatacar para restablecer el orden. Desde la Puerta de Zamora acceso principal de la ciudad se construye una de estas zanjas, en las que se podía ocultar un hombre, desde la iglesia de San Marcos hasta el fielato cercano a ella, cubriéndola además con grandes vigas y pedruscos arrancados del pavimento de las calle. 
Es en estas primeras horas de la insurrección cuando muchas de las familias acomodadas, entre las que se encuentran banqueros, industriales y algún que otro político, temiendo que con la excitación del momento las iras y la sensación de impunidad se vuelvan contra ellas, deciden en rápida acción salir de la ciudad para no tener que pasar tan malos momentos como los que sufrieron un lustro antes, cuando en plena revolución de la Gloriosa, algunos exaltados las tomaron con ellos haciéndoles blanco de su rabia.
Vista desde la torre de la Catedral Nueva
Las horas continúan con su lento avance y las noticias de que fuerza militar alguna, como se temía podía suceder, se dirija hacia la ciudad no llegan. Son en estos momentos cuando los ánimos entre los sublevados y sus partidarios recobran nuevas fuerzas, pues hasta el momento no ha habido que lamentar incidente alguno.
Es a  mediodía cuando se comienza a hacer público el manifiesto en los sitios más transitados, por el que se proclama el Cantón. A primeras horas de la tarde, la mayoría de los Concejales por orden del Gobierno provisional toman posesión de sus cargos y a falta de indecentes se resuelve retirar a algunas de las fuerzas de voluntarios para dar cierto aire de normalidad.
Concluye este primer día de independencia en la que se han dado los primeros pasos para establecer el Cantón y sin que hasta el momento las dificultades que tanto se temían hayan hecho acto de presencia.

El día 23 comienza y termina sin apenas noticias. Son ya más de 40 horas desde que se iniciaron los primeros movimientos de secesión y no se tiene constancia de que haya pasado nada reseñable. 
La vida continua y continuará durante estos días su curso casi inalterable en las calles de la ciudad, las tiendas y puestos han abierto como de costumbre, las amas de casa siguen realizando sus compras y sus labores diarias, los colegios continúan impartiendo sus clases y los más curiosos observan  el devenir de los acontecimientos, posiblemente sabiendo que esto no era más que un calentón pasajero y que con el paso del tiempo y la fuerza de las armas, acabaría por imponer cordura entre los sublevados.
Pero al inicio de la mañana día 24 sí que se suceden las noticias. En ellas se informa que la compañía de Guardias Civiles, que un par de días antes había tenido que salir por la fuerza de la ciudad, reforzada por fuerzas de Carabineros han partido desde la capital zamorana con dirección a nuestra ciudad y que desde la capital vallisoletana han salido a marchas forzadas una fuerza militar de más de 5.ooo hombres con todos sus pertrechos  y poderosa artillería. También se rumorea que de la cercana ciudad de Bejar se acercan fuerzas expedicionarias, pero las informaciones son contradictorias, mientras unos hablan de fuerzas amigas otros lo hacen al contrario. 
Con estas malas nuevas, la Junta de Gobierno, situada en la Diputación provincial, celebra una junta extraordinaria en la que informa a los capitanes de los voluntarios de la más que inminente llegada de estas tropas armadas. Para recibir a este ejercito se construyen barricadas con la que hacerlos frente, en los caminos y accesos que unen Salamanca con Zamora y Valladolid, así mismo se da aviso a los vigías que están instalados en la torre de la catedral para que den la voz de alarma en cuanto noten cualquier indicio que haga suponer de la llegada de estas fuerzas. 

En vista de los negros nubarrones que amenazan la ciudad, el alcalde presenta su renuncia, seguramente por la amenaza que suponía la proximidad de fuerzas armadas leales al Gobierno, siendo sustituido por Francisco de la Riva, que lo primero que realiza estrenando su cargo es anunciar a los salmantinos que estará vigilante para que el orden y la integridad tanto del pueblo como de la ciudad se mantenga inalterable. Un grupo de notables salmantinos formado por empresarios y políticos, se reúne con la Junta provisional para intentar evitar a la población las consecuencias de un choque armado y mediar entre acantonados y militares, pero su propuesta únicamente recibió la negativa como respuesta, ¡¡se llevará la decisión adoptada hasta sus últimas consecuencias!!. Para ello se decide hacer ondear la bandera roja en los edificios del Ayuntamiento, catedral y Gobierno Civil y que las fuerzas de voluntarios comiencen a realizar prácticas militares en las eras de las Carmelitas, organizando retenes en la Plaza Mayor y en el Colegio Viejo (Palacio de Anaya)
En unas casas pertenecientes a los Padres Carmelitas, que por aquel entonces era residencia del Dr. Mario García,  se organiza un hospital de sangre asistido por las hermanas de la Caridad. En el resto de hospitales se llevan a cabo preparativos para atender en caso de que los hubiera a los posibles heridos.
Esas últimas horas del día 24 y todo el día siguiente se pasan esperando que de un momento a otro hagan acto de presencia las tropas de la República. 
Colegio Viejo (Palacio de Anaya)
El día 26  para mediar y buscar una solución pacífica llega el Gobernador de Ávila con la intención de convencer y hacer entrar en razón a los miembros de la Junta de Gobierno. De esa reunión poco se sabe, seguramente les expondría los argumentos del Gobierno y les haría saber aunque es bastante seguro que ya estuvieran informados de que la mayoría de los alzamientos cantonales que se habían producido a lo largo del País habían ido uno tras otro extinguiéndose y los que no lo habían hecho hasta el momento no tardaría mucho en caer. Y mientras la reunión se celebra con sus tiras y aflojas las campañas de la Catedral tocan a alarma. En el horizonte comienzan a asomar las fuerzas de carabineros que poco a poco fueron aproximándose y tomando posesión de las tierras cercanas a la muralla.

Tal vez fuera la mediación del Representante del Gobierno, puede que lo fuera la certeza de que poco se podía hacer contra unas tropas mejor preparadas y excelentemente pertrechadas, el caso es que horas más tardes se hizo saber que el recorrido de Salamanca como Cantón independiente había llegado a su fin. 
En la capitulación se acordó que no se tomarían represalias contra ningún miembro de la Junta ni tampoco sobre los Voluntarios que habían asistido a los sublevados, a excepción de lo que dictaminaran los jueces y que el coste de los desperfectos ocasionado por los sublevados, tanto en las calles como en las cercanías de las puertas de la muralla sería sufragados por el Ayuntamiento. El montante final 50.000 reales.
De esta manera tan racional, finalizaron los sueños de emancipación que unos pocos habían llevado a la totalidad de la ciudad salmantina.



  • El sexenio democrático (1868-1874)


  • Revista Castellana nº 22.

  • El Federal salmantino nº 57, 27 de julio de 1873.

1 comentario :

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